miércoles, 10 de octubre de 2012

Leyenda Negra: "Los indios eran engañados por los españoles al cambiar cuentas de colores y espejitos a cambio de oro"

Pues sí, esta es una de las historias y tonterías de los defensores y aceptantes de la leyenda negra para criticar y ensañarse con el malvado y avaro español que engañaba al inocente y casi tonto nativo. Vienen a decir que al europeo esas cuentas de colores, cascabeles y espejitos no les costaban prácticamente nada y sin embargo obtenía a cambio los pequeños adornos de oro que los nativos llevaban encima. Todo un negociazo del avaricioso español a costa del pobre e inexperto nativo.

Pues bien, ¿nadie se ha parado a pensar que cada uno tiene una forma de valorar las cosas? Normalmente es la cantidad lo que determina el valor de las cosas, es decir, cuantas menos existencias hay de cualquier producto sube su valor, sin embargo si hay mucha cantidad tiende a bajar dicho valor. Y siendo más concretos, para los indios el oro era una simple piedra con la que adornarse las orejas, el cuello o la nariz. Su obtención era fácil ya que los ríos antillanos transportaban numerosas de esas piedrecitas, pero esas cuentas, esos cascabeles y esos espejitos de colores tan brillantes y vivos  que traían los extranjeros no los habían visto en la vida, ¡¡eran una maravilla!! Se pegaban por obtenerlos porque en su isla no los habían visto jamás, nadie los producía, ni la naturaleza ni ninguna persona, por lo que para ellos esos objetos tenían un valor inusitado, mucho más valor que esas piedrecitas amarillas que cogían fácilmente de sus ríos. ¡Esos extranjeros son tontos! Les engañamos con nuestras piedrecitas de oro que no valen nada y nos dan esos valiosísimos cristales tan bonitos. Seguro que más de un indígena lo pensó.

Del mismo modo y hablando sobre el oro, al nativo solo le servía para adorno y poco más, sin embargo para el español el oro no era solo una piedra preciosa, era un objeto cambiario, con valor de moneda para poder comprar otras cosas de las que no disponía. Por lo que la percepción sobre esta piedra cambia mucho según de la perspectiva que se tome.

Creo que de esta manera queda bien explicado que el intercambio de cuentas y espejitos por oro fue un simple y amistoso acuerdo entre los recién llegados y los habitantes de las costas antillanas, no hubo abuso, ni intención de engañar y cada uno obtuvo lo que consideró más valioso para sí mismo. Nada que criticar ni que censurar. Un encuentro entre dos culturas desconocidas mutuamente y que tenían distinta forma de ver las cosas, y de valorarlas.

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